El cepillado suele asociarse con estética, pero también puede convertirse en un pequeño chequeo de bienestar.
Mientras cepillas, puedes observar la piel, buscar nudos, irritación, zonas sensibles, heridas o cambios en el pelaje. En gatos, las sesiones cortas y frecuentes pueden ayudar a retirar pelo suelto y evitar enredos, especialmente en animales de pelo largo.
La frecuencia y el tipo de herramienta dependen del pelaje y de la tolerancia de cada mascota. No es buena idea forzar una sesión si el animal muestra miedo, dolor o mucha incomodidad. Tampoco conviene cortar nudos pegados a la piel con tijeras sin experiencia, porque existe riesgo de lesionarlo.
Si aparecen zonas sin pelo, inflamación, dolor, heridas o un cambio importante en la calidad del manto, consulta al veterinario antes de tratarlo como un problema únicamente estético.
